Archivo de agosto de 2008

Lectura diaria de la Biblia

lunes, 11 de agosto de 2008

12 de agosto 2008 – Martes

       

                                           Hacerse niño para entrar en el reino

                                                             
Se acercaron los discípulos a Jesús y le preguntaron: ¿Quién es el más importante en el reino de los cielos? Él llamó a un niño, lo puso en medio y dijo: Os aseguro que, si no volvéis a ser como niños, no entraréis en el reino de los cielos. Por tanto, el que se haga pequeño como este niño, ese es el más grande en el reino de los cielos. El que acoge a un niño como éste en mi nombre me acoge a mí. Cuidado con despreciar a uno de estos pequeños, porque os digo que sus ángeles están viendo siempre en el cielo el rostro de mi Padre celestial. ¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve y va al monte en busca de la perdida? Y si la encuentra, os aseguro que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado. Lo mismo vuestro Padre del cielo: no quiere que se pierda ni uno de estos pequeños.  

  
Ez 2,8 – 3,4: Sal 118, 14.24.73. 103. 111. 131 . Mateo 18, 1-5. 10. 12-14

Lectura diaria de la Biblia

lunes, 11 de agosto de 2008

11 de agosto 2008 – Lunes

       

                                 Para no dar mal ejemplo, paga el impuesto

                                                             
Mientras Jesús y los discípulos recorrían juntos Galilea, les dijo Jesús: Al Hijo del hombre lo van a entregar en manos de los hombres, lo matarán, pero resucitará al tercer día. Ellos se pusieron muy tristes. Cuando llegaron a Cafarnaún, los que cobraban el impuesto de las dos dracmas se acercaron a Pedro y le preguntaron: ¿Vuestro maestro no paga las dos dracmas? Contestó: Sí. Cuando llegó a casa, Jesús se adelantó a preguntarle: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes del mundo, ¿a quién le cobran impuestos y tasas, a sus hijos o a los extraños? Contestó: A los extraños. Jesús le dijo: Entonces, los hijos están exentos. Sin embargo, para no escandalizarlos, ve al lago, echa el anzuelo, agarra el primer pez que pique, ábrele la boca y encontrarás una moneda de plata. Tómala y págales por mí y por ti.

  
Ez 1, 2-5.24-28c; Sal 148, 1-2. 11-14 . Mateo 17, 22-27

Lectura diaria de la Biblia

domingo, 10 de agosto de 2008

10 de agosto 2008 – Domingo

1R 19, 19a. 11-13a: Al llegar Elías al monte de Dios, al Horeb, se refugió en una cueva donde pasó la noche. El Señor le dijo: Sal y aguarda al Señor en el monte, que el Señor va a pasar. Pasó antes del Señor un viento huracanado, que agrietaba los montes y rompía los peñascos: pero en el viento no estaba el Señor. Vino después un terremoto, y en el terremoto no estaba el Señor. Después vino un fuego, y en el fuego no estaba el Señor. Después se escuchó un susurro. Elías, al oírlo, se cubrió el rostro con el manto y salió a la entrada de la cueva.

Sal 84, 9-14: Muéstranos, Señor, tu misericordia y danos tu salvación.

Rm 9, 1-5: Digo la verdad en Cristo; mi conciencia iluminada por el Espíritu Santo, me asegura que no miento. Siento una gran pena y un dolor incesante, pues por el bien de mis hermanos, los de mi raza y sangre, quisiera incluso ser un proscrito lejos de Cristo. Ellos descienden de Israel, fueron adoptados como hijos, tienen la presencia de Dios, la alianza, la ley, el culto y las promesas. Suyos son los patriarcas, de quienes, según lo humano, nació en Mesías, el que está por encima de todo: Dios bendito por los siglos. Amén.

MATEO 14, 22–33: Después que se sació la gente, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla mientras él despedía a la gente. Y después de despedir a la gente subió al monte a solas para orar. Llegada la noche estaba allí solo. Mientras tanto la barca iba ya muy lejos de la tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se le acercó Jesús andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo enseguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echo a andar sobre el agua acercándose a Jesús, pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él diciendo: Realmente eres Hijo de Dios.  

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sábado, 9 de agosto de 2008

9 de agosto 2008 – Sábado

       

                               No tengáis miedo a los que matan el cuerpo

                                                             
Dijo Jesús a sus discípulos: No tengáis miedo a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma. No, temed al que puede destruir con el fuego alma y cuerpo. ¿No se venden un par de gorriones por unos cuartos? Y, sin embargo ni uno solo cae al suelo sin que lo disponga vuestro Padre. Pues vosotros hasta los cabellos de la cabeza tenéis contados. Por eso, no tengáis miedo; no hay comparación entre vosotros y los gorriones. Si uno se pone de mi parte ante los hombres, yo también me pondré de su parte ante mi Padre del cielo. Y si uno me niega ante los hombres, yo también lo negaré ante mi Padre del Cielo.

  
Si 51, 1-12; Sal 30, 3-6. 16-17 . Mateo 10, 28-33

Lectura diaria de la Biblia

viernes, 8 de agosto de 2008

8 de agosto 2008 – Viernes

       

                                            Cargar con la cruz y seguir a Jesús

                                                             
Dijo Jesús a sus discípulos: El que quiera venirse conmigo, que se niegue a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. Si uno quiere salvar su vida, la perderá; pero el que la pierda por mí la encontrará. ¿De que le sirve al hombre ganar el mundo entero, si arruina su vida? ¿O qué podrá dar para recobrarla? Porque el Hijo del hombre vendrá entre sus ángeles, con la gloria de su Padre, y entonces pagará a cada uno según su conducta. Os aseguro que alguno de los aquí presentes no morirán sin antes haber visto llegar al Hijo del hombre con majestad.

  
Na 2, 1-3-3, 1-3.6-7; Sal Dt 32, 35-36.39.41 . Mateo 16, 24-28

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jueves, 7 de agosto de 2008

7 de agosto 2008 – Jueves

       

                           Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia

                                                             
Al llegar a la región de Cesarea de Filipo, Jesús preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Unos que Juan Bautista, otros que Elías, otros que Jeremías o uno de los profetas. Él les preguntó: Y vosotros, ¿Quién decís que soy yo? Simón Pedro tomó la palabra y dijo: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo. Jesús le respondió: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás! Porque eso no te lo he revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra, quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra, quedará desatado en el cielo. Y les mandó a los discípulos que no dijesen a nadie que él era el Mesías. Desde entonces empezó Jesús a explicar a sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén y padecer allí mucho por parte de los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, y que tenía que ser ejecutado y resucitar al tercer día. Pedro se lo llevó aparte y se puso a increparlo: ¡No lo permita Dios, Señor! Eso no puede pasarte. Jesús se volvió y dijo a Pedro: Quítate de mi vista, Satanás, que me haces tropezar; tú piensas como los hombres, no como Dios.  

  
Jr 31, 31-34; Sal 50, 12-15.18-19 . Mateo 16, 13-23

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miércoles, 6 de agosto de 2008

6 de agosto 2008 – Miércoles

       

            FIESTA DE LA TRANSFIGURACIÓN DEL SEÑOR

                                                             
Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte  a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con Él. Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor ¡Qué bien se está aquí! Si quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías. Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Este es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo. Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto. Jesús se acercó y, tocándolos les dijo: Levantaos, no temáis. Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo. Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.

  
Dn 7, 9-10.13-14; Sal 96, 1-6.9.2p 1,16-19 . Mateo 17, 1-9

Lectura diaria de la Biblia

martes, 5 de agosto de 2008

5 de agosto 2008 – Martes

       

                               Si un ciego guía a otro ciego, caerán los dos

                                                             
Se acercaron a Jesús unos fariseos y escribas de Jerusalén y le preguntaron: ¿Por qué tus discípulos desprecian la tradición de nuestros mayores y no se lavan las manos antes de comer?. Y llamando a la gente, les dijo: Escuchad y entended: no mancha al hombre lo que entra por al boca, sino lo que sale por la boca, eso es lo que mancha al hombre. Se acercaron los discípulos y le dijeron: ¿Sabes que los fariseos se han escandalizado al oírte? Respondió él: La planta que no haya plantado mi Padre del cielo será arrancada de raíz. Dejadlos, son ciegos, guías de ciegos. Y si un ciego guía a otro ciego, los dos caerán en el hoyo.     

  
Jr 30, 1-2.12-15.18-22; Sal 101, 16-23 . Mateo 15, 1-2.10-14

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lunes, 4 de agosto de 2008

4 de agosto 2008 – Lunes

       

                                                      ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?

                                                             
Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Llegada la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús andando sobre en agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: Señor, si eres tú mándame ir hacia ti andando sobre el agua. Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: Señor, sálvame. Enseguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado? En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: Realmente eres Hijo de Dios. Terminada la travesía, llegaron a tierra de Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.   

  
Jr 28, 1-17; Sal 118, 29.43.79-80.95.102 . Mateo 14, 22-36

Homilía

domingo, 3 de agosto de 2008

Decía Mateo Alemán que suele decir  que el hombre que apetece soledad tiene mucho de Dios o de bestia.

Y Chateu señalaba que: “la soledad es perniciosa para quien no vive en ella con Dios”

La vida en soledad tan ansiada por los monjes (pensemos en los cartujos) es un camino de espiritualidad para buscar a Dios y encontrarse consigo mismo. Jesús se marchó a un sitio tranquilo y apartado.

Al saberlo la gente siguió a Jesús por tierra desde los pueblos y Jesús se entrega con una actitud sociable de gran calidad. La entrega de Jesús no depende de quienes son, y menos de cuantas personas son las implicadas. Tampoco depende de los medios materiales. La entrega sociable de Jesús depende de su mirada y de su voluntad. Cuenta con nosotros aunque no dispongamos de nada: “Dadle vosotros de comer” Jesús cuenta con nosotros, aunque sea poco lo que podamos ofrecer. ¿Qué podemos nosotros poner en la obra de Dios?

Sólo Dios puede crear, pero nosotros podemos revalorizar lo creado.

Sólo Dios puede dar la vida, pero nosotros podemos transmitirla y defenderla.

Sólo Dios puede dar la fe, pero nosotros podemos dar testimonio de ella.

Sólo Dios puede infundirnos esperanza, pero nosotros podemos devolverle confianza.

Sólo Dios puede dar el amor, pero nosotros podemos demostrarlo.

Sólo Dios puede otorgarnos la paz, pero nosotros podemos vivir unidos.

Sólo Dios puede dar fortaleza, pero nosotros podemos ser el apoyo y el consuelo.

Sólo Dios es el camino, pero nosotros podemos enseñarlo a otros.

Sólo Dios es la luz, pero nosotros podemos ser su lámpara.

Sólo Dios puede hacer milagros, pero nosotros podemos llevar los cinco panes y los dos peces.

Sólo Dios puede hacer imposibles, pero nosotros podemos hacer todo lo posible.

Sólo Dios puede bastarse a si mismo, pero a preferido necesitarnos a nosotros.

Necesitamos fe: sólo la falta de fe es lo único que ata las manos de Dios.

Dice una oración del S. XVI: Cristo, no tiene manos: tiene sólo nuestras manos para realizar hoy su tarea.

Cristo, no tiene pies: tiene sólo nuestros pies para guiar a los hombres en su camino.

Cristo, no tiene labios: tiene sólo nuestros labios para anunciar la buena nueva a los hombres de hoy.

Cristo, no tiene recursos: tiene sólo nuestra ayuda para lograr que todos los hombres lleguen a Dios y se sientan hermanos.

Que el Señor Jesús nos ayude a entender que todo lo que tenemos que hacer como si dependiera de nosotros, en último término, depende de El. Que de la pobreza de nuestra vida, Jesús quiere repartir a manos llenas amor y misericordia.

Homilía 3-8-08

David

Sacerdote

Parroquia San Francisco y Santa Clara

Fuenlabrada (Madrid)